|
martes, 10 de diciembre de 2013
REVELACIÓN DE LAS COLONIAS INGLESAS EN NORTEAMÉRICA
REVOLUCIÓN INGLESA
REVOLUCIÓN INGLESA DE 1640
La Revolución Inglesa del siglo XVII representa la primera manifestación de una crisis del sistema de la época moderna, identificado con el absolutismo. El poder monárquico se vio severamente limitado, cedió la mayor parte de sus prerrogativas al Parlamento e instauró el régimen parlamentarista que permanece hasta hoy. El proceso comenzó con la Revolución Puritana de 1640 y terminó con la Revolución Gloriosa de 1688. Ambas revoluciones son parte de un mismo proceso revolucionario, de ahí el nombre de la Revolución Inglesa del siglo XVII y no Revoluciones Británicas. Este movimiento revolucionario creó las condiciones necesarias para la Revolución Industrial del siglo XVIII, allanando el camino para el avance del capitalismo británico. Debe ser considerada como la primera revolución burguesa en la historia europea que se anticipó en 150 años de la Revolución Francesa. La vida social antes de la Revolución Inglesa Con la dinastía de los Tudor, Inglaterra tuvo muchos logros, los cuales sirvieron de base para el desarrollo económico del país. Los gobiernos de Enrique VIII y su hija Isabel I, llevaron a la unificación del país, el apartamiento del Papa además de confiscar los bienes de la Iglesia Católico, y al mismo tiempo permitieron crear el anglicanismo, y entrar en la disputa por colonias con los españoles. Fue con esos monarcas que se observó también la formación de monopolios comerciales, como la Compañía de las Indias Orientales y los Comerciantes Aventureros. Esto sirvió para impedir la libre competencia, aunque esta acción se deterioró en algunos sectores de la burguesía. Por lo tanto, resultó en la división de la burguesía en dos: por un lado, los grandes comerciantes que disfrutaban del monopolio político; de otro, la burguesía pequeña que pretendía la libre competencia. Un problema grave fue la detención de los privilegios en manos de los gremios. Otra situación problemática era en las zonas rurales con la revaloración de las tierras debido a altos productos agrícolas. Esto empujó a que los propietarios rurales quisieran aumentar sus tierras expropiando las tierras colectivas, convirtiéndose en particulares. El resultado fue la expulsión de los campesinos del campo y la creación de grandes granjas para la cría de ovejas y la producción de lana, condiciones previas para la Revolución Industrial. Para evitar la intensificación de conflictos entre campesinos y grandes terratenientes, el gobierno intentó evitar los cercamientos. Por supuesto, con esta acción la nobleza rural y la burguesía mercantil fueron fuertes oponentes. Casa de Estuardo Para comprender mejor la Revolución Inglesa debemos conocer la dinastía Stuart o Casa Estuardo. Esta dinastía se inició después de la muerte de la reina Isabel I en 1603 que, al morir sin dejar herederos, promovió el comienzo de su reinado. Jaime I, rey de Escocia (1603-1625). Disolvió el Parlamento en varias ocasiones y quería establecer una monarquía absoluta de derecho divino. Persiguió a los católicos y sectas menores, con el pretexto de que estaban organizando la Conspiración de la Pólvora (1605) consistente en la eliminación del rey. Muchos quedaron descontentos y marcharon a América del Norte. La fricción entre Rey y Parlamento se hizo más fuerte, sobre todo después de 1610. En 1625, se produjo la muerte de Jaime I y su hijo, Carlos I, le sucedió en el poder. Carlos I de Inglaterra, sucesor de Jaime I (1625-1648). Trató de seguir una política absolutista, y establecer nuevos impuestos en cuyo proceso fue impedido por el Parlamento. En 1628, con tantas guerras, el rey se vio obligado a convocar al Parlamento, el cual sometió al rey a firmar el juramento de la «Petición de los Derechos» (Segunda Carta Magna inglesa) como garantía al pueblo en contra de los tributos y detenciones ilegales. El Parlamento pretendía el control de la política financiera y del ejército, además de regularizar la convocatoria del Parlamento. La respuesta real fue clara, la disolución del Parlamento que volvería a ser convocado de nuevo en 1640. El rey Carlos I gobernó sin un Parlamento, pero buscó el apoyo una especie de un tribunal adscrito al Consejo Privado del Rey. También trató de imponer la religión anglicana a los calvinistas escoceses (presbiterianos). Eso generó rebeliones por parte de los escoceses que invadieron el norte de Inglaterra. Con eso, el rey se vio obligado a reabrir el Parlamento en abril de 1640 para obtener ayuda de la burguesía y de la nobleza rural. Pero el Parlamento tenía entre sus objetivos combatir el absolutismo. Por ello, fue suspendido nuevamente. En noviembre del mismo año volvía a ser convocado y, en esta ocasión, se mantuvo hasta 1653.
La Revolución Inglesa del siglo XVII representa la primera manifestación de una crisis del sistema de la época moderna, identificado con el absolutismo. El poder monárquico se vio severamente limitado, cedió la mayor parte de sus prerrogativas al Parlamento e instauró el régimen parlamentarista que permanece hasta hoy. El proceso comenzó con la Revolución Puritana de 1640 y terminó con la Revolución Gloriosa de 1688. Ambas revoluciones son parte de un mismo proceso revolucionario, de ahí el nombre de la Revolución Inglesa del siglo XVII y no Revoluciones Británicas. Este movimiento revolucionario creó las condiciones necesarias para la Revolución Industrial del siglo XVIII, allanando el camino para el avance del capitalismo británico. Debe ser considerada como la primera revolución burguesa en la historia europea que se anticipó en 150 años de la Revolución Francesa. La vida social antes de la Revolución Inglesa Con la dinastía de los Tudor, Inglaterra tuvo muchos logros, los cuales sirvieron de base para el desarrollo económico del país. Los gobiernos de Enrique VIII y su hija Isabel I, llevaron a la unificación del país, el apartamiento del Papa además de confiscar los bienes de la Iglesia Católico, y al mismo tiempo permitieron crear el anglicanismo, y entrar en la disputa por colonias con los españoles. Fue con esos monarcas que se observó también la formación de monopolios comerciales, como la Compañía de las Indias Orientales y los Comerciantes Aventureros. Esto sirvió para impedir la libre competencia, aunque esta acción se deterioró en algunos sectores de la burguesía. Por lo tanto, resultó en la división de la burguesía en dos: por un lado, los grandes comerciantes que disfrutaban del monopolio político; de otro, la burguesía pequeña que pretendía la libre competencia. Un problema grave fue la detención de los privilegios en manos de los gremios. Otra situación problemática era en las zonas rurales con la revaloración de las tierras debido a altos productos agrícolas. Esto empujó a que los propietarios rurales quisieran aumentar sus tierras expropiando las tierras colectivas, convirtiéndose en particulares. El resultado fue la expulsión de los campesinos del campo y la creación de grandes granjas para la cría de ovejas y la producción de lana, condiciones previas para la Revolución Industrial. Para evitar la intensificación de conflictos entre campesinos y grandes terratenientes, el gobierno intentó evitar los cercamientos. Por supuesto, con esta acción la nobleza rural y la burguesía mercantil fueron fuertes oponentes. Casa de Estuardo Para comprender mejor la Revolución Inglesa debemos conocer la dinastía Stuart o Casa Estuardo. Esta dinastía se inició después de la muerte de la reina Isabel I en 1603 que, al morir sin dejar herederos, promovió el comienzo de su reinado. Jaime I, rey de Escocia (1603-1625). Disolvió el Parlamento en varias ocasiones y quería establecer una monarquía absoluta de derecho divino. Persiguió a los católicos y sectas menores, con el pretexto de que estaban organizando la Conspiración de la Pólvora (1605) consistente en la eliminación del rey. Muchos quedaron descontentos y marcharon a América del Norte. La fricción entre Rey y Parlamento se hizo más fuerte, sobre todo después de 1610. En 1625, se produjo la muerte de Jaime I y su hijo, Carlos I, le sucedió en el poder. Carlos I de Inglaterra, sucesor de Jaime I (1625-1648). Trató de seguir una política absolutista, y establecer nuevos impuestos en cuyo proceso fue impedido por el Parlamento. En 1628, con tantas guerras, el rey se vio obligado a convocar al Parlamento, el cual sometió al rey a firmar el juramento de la «Petición de los Derechos» (Segunda Carta Magna inglesa) como garantía al pueblo en contra de los tributos y detenciones ilegales. El Parlamento pretendía el control de la política financiera y del ejército, además de regularizar la convocatoria del Parlamento. La respuesta real fue clara, la disolución del Parlamento que volvería a ser convocado de nuevo en 1640. El rey Carlos I gobernó sin un Parlamento, pero buscó el apoyo una especie de un tribunal adscrito al Consejo Privado del Rey. También trató de imponer la religión anglicana a los calvinistas escoceses (presbiterianos). Eso generó rebeliones por parte de los escoceses que invadieron el norte de Inglaterra. Con eso, el rey se vio obligado a reabrir el Parlamento en abril de 1640 para obtener ayuda de la burguesía y de la nobleza rural. Pero el Parlamento tenía entre sus objetivos combatir el absolutismo. Por ello, fue suspendido nuevamente. En noviembre del mismo año volvía a ser convocado y, en esta ocasión, se mantuvo hasta 1653.
Revolución Inglesa
REVOLUCIÓN INGLESA DE 1640
La Revolución Inglesa del siglo XVII representa la primera manifestación de una crisis del sistema de la época moderna, identificado con el absolutismo. El poder monárquico se vio severamente limitado, cedió la mayor parte de sus prerrogativas al Parlamento e instauró el régimen parlamentarista que permanece hasta hoy. El proceso comenzó con la Revolución Puritana de 1640 y terminó con la Revolución Gloriosa de 1688. Ambas revoluciones son parte de un mismo proceso revolucionario, de ahí el nombre de la Revolución Inglesa del siglo XVII y no Revoluciones Británicas. Este movimiento revolucionario creó las condiciones necesarias para la Revolución Industrial del siglo XVIII, allanando el camino para el avance del capitalismo británico. Debe ser considerada como la primera revolución burguesa en la historia europea que se anticipó en 150 años de la Revolución Francesa. La vida social antes de la Revolución Inglesa Con la dinastía de los Tudor, Inglaterra tuvo muchos logros, los cuales sirvieron de base para el desarrollo económico del país. Los gobiernos de Enrique VIII y su hija Isabel I, llevaron a la unificación del país, el apartamiento del Papa además de confiscar los bienes de la Iglesia Católico, y al mismo tiempo permitieron crear el anglicanismo, y entrar en la disputa por colonias con los españoles. Fue con esos monarcas que se observó también la formación de monopolios comerciales, como la Compañía de las Indias Orientales y los Comerciantes Aventureros. Esto sirvió para impedir la libre competencia, aunque esta acción se deterioró en algunos sectores de la burguesía. Por lo tanto, resultó en la división de la burguesía en dos: por un lado, los grandes comerciantes que disfrutaban del monopolio político; de otro, la burguesía pequeña que pretendía la libre competencia. Un problema grave fue la detención de los privilegios en manos de los gremios. Otra situación problemática era en las zonas rurales con la revaloración de las tierras debido a altos productos agrícolas. Esto empujó a que los propietarios rurales quisieran aumentar sus tierras expropiando las tierras colectivas, convirtiéndose en particulares. El resultado fue la expulsión de los campesinos del campo y la creación de grandes granjas para la cría de ovejas y la producción de lana, condiciones previas para la Revolución Industrial. Para evitar la intensificación de conflictos entre campesinos y grandes terratenientes, el gobierno intentó evitar los cercamientos. Por supuesto, con esta acción la nobleza rural y la burguesía mercantil fueron fuertes oponente.
La Revolución Inglesa del siglo XVII representa la primera manifestación de una crisis del sistema de la época moderna, identificado con el absolutismo. El poder monárquico se vio severamente limitado, cedió la mayor parte de sus prerrogativas al Parlamento e instauró el régimen parlamentarista que permanece hasta hoy. El proceso comenzó con la Revolución Puritana de 1640 y terminó con la Revolución Gloriosa de 1688. Ambas revoluciones son parte de un mismo proceso revolucionario, de ahí el nombre de la Revolución Inglesa del siglo XVII y no Revoluciones Británicas. Este movimiento revolucionario creó las condiciones necesarias para la Revolución Industrial del siglo XVIII, allanando el camino para el avance del capitalismo británico. Debe ser considerada como la primera revolución burguesa en la historia europea que se anticipó en 150 años de la Revolución Francesa. La vida social antes de la Revolución Inglesa Con la dinastía de los Tudor, Inglaterra tuvo muchos logros, los cuales sirvieron de base para el desarrollo económico del país. Los gobiernos de Enrique VIII y su hija Isabel I, llevaron a la unificación del país, el apartamiento del Papa además de confiscar los bienes de la Iglesia Católico, y al mismo tiempo permitieron crear el anglicanismo, y entrar en la disputa por colonias con los españoles. Fue con esos monarcas que se observó también la formación de monopolios comerciales, como la Compañía de las Indias Orientales y los Comerciantes Aventureros. Esto sirvió para impedir la libre competencia, aunque esta acción se deterioró en algunos sectores de la burguesía. Por lo tanto, resultó en la división de la burguesía en dos: por un lado, los grandes comerciantes que disfrutaban del monopolio político; de otro, la burguesía pequeña que pretendía la libre competencia. Un problema grave fue la detención de los privilegios en manos de los gremios. Otra situación problemática era en las zonas rurales con la revaloración de las tierras debido a altos productos agrícolas. Esto empujó a que los propietarios rurales quisieran aumentar sus tierras expropiando las tierras colectivas, convirtiéndose en particulares. El resultado fue la expulsión de los campesinos del campo y la creación de grandes granjas para la cría de ovejas y la producción de lana, condiciones previas para la Revolución Industrial. Para evitar la intensificación de conflictos entre campesinos y grandes terratenientes, el gobierno intentó evitar los cercamientos. Por supuesto, con esta acción la nobleza rural y la burguesía mercantil fueron fuertes oponente.
martes, 3 de diciembre de 2013
NUEVAS IDEAS
LA ILUSTRACIO
LA ILUSTRACIÓN
La Ilustración es un movimiento complejo sustentado por las clases altas y los gobiernos absolutistas de la segunda mitad del XVIII basado en la creencia supersticiosa de que la educación en el saber racionalista, separado de lo sobrenatural, lleva a la virtud y a la felicidad y por eso hay que imponerlo al pueblo desde el poder de la monarquía absoluta.
Afecta a todos los aspectos de la vida. En política es el despotismo ilustrado, que es la culminación de la monarquía absoluta cuando los ilustrados son dueños del poder del Antiguo Régimen en la segunda mitad del XVIII. Su objetivo dicen que es "hacer a los individuos virtuosos y a los pueblos felices", arrancándoles de sus tradiciones populares a las que los ilustrados llaman supersticiones, especialmente a la religión católica. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
Como racionalista que es, la Ilustración, es un intento de revolución con orden, mediante la educación y multitud de proyectos económicos, manteniendo las riendas del poder. Pero les estalla la revolución liberal, que procede de la Ilustración por vía de ruptura. Las ideas de los ilustrados, los autodenominados filósofos, causaron la crisis de la monarquía en cuyo nombre actuaban. La crítica de Cevallos a la Ilustración la mostraba como crimen de Estado, además de falsa filosofía.
Pretenden que el pueblo crea que será llevado a su perfección y a la felicidad al margen de la religión y gracias a la educación y a los proyectos económicos de los ilustrados bajo el poder absoluto de la corona que ellos ejercen.
Las Sociedades Económicas de Amigos del País fueron los núcleos de las oligarquías ilustradas de las ciudades españolas.
Los proyectos de los ilustrados los realizarán los liberales, la nueva generación formada en las ideas inculcadas por los ilustrados, pero que descubren que pueden ejercer un poder aún más absoluto en nombre del Pueblo, que en nombre del rey. Se beneficia la alta sociedad oligárquica en ambas situaciones.
Ampliación
La Ilustración se basa en la creencia de que la ciencia y la educación al margen de la Iglesia llevará al hombre a su perfección moral.
Es el intento, imperante en las clases altas y en los gobiernos absolutistas de la segunda mitad del XVIII, de cimentar todos los aspectos de la vida social en un naturalismo racionalista.
Naturalismo es descartar, en la práctica, a Dios y a su Iglesia, descartar lo sobrenatural.
Racionalismo es, en la práctica, la creencia de que la razón humana es lo máximo existente; no es racional, es una creencia irracional, porque no se puede demostrar racionalmente, por consiguiente es una creencia supersticiosa, porque superstición es atribuir poderes a lo que no los tiene. Descartar la sobrenaturalidad de la Iglesia es, en la práctica, convertir al hombre en el ser supremo pretendidamente, porque en realidad es dejarle huérfano o declararle hijo de padre desconocido.
La Ilustración, llamada Iluminismo en otros países, hace que se llame al siglo XVIII el Siglo de las Luces, que son las luces de la razón huérfana. Y también se denomina Enciclopedismo, por el proyecto desarrollado por los ilustrados franceses, que se hacían llamar "los Filósofos", de recopilar en La Enciclopedia todo el saber existente teñido de racionalismo, según la creencia supersticiosa de que el saber racionalista separado de lo sobrenatural, llevaría a la virtud y a la perfección al pueblo (aun en contra de su voluntad). Esa creencia supersticiosa en la razón desemboca durante la Revolución Francesa en la entronización en la catedral de París del culto a la diosa Razón personificada en una mujer descarriada.
La Ilustración es en religión el deísmo, que admite que Dios existe y que ha creado el universo y al hombre, puesto que está demostrado filosóficamente, es decir, con la sola luz de la razón, lo que expresaba Voltaire, el ilustrado más radical, diciendo que "no hay reloj sin relojero"; pero el deísmo tiene la creencia de que Dios ya no se relaciona más con el hombre y que la sociedad humana no debe estructurarse en coherencia con ese hecho de la existencia de Dios.
En las artes, la Ilustración es el neoclasicismo, tras el rococó.
Su filosofía es el viejo racionalismo del XVII devaluado, vulgarizado al ser divulgado para ponerlo al alcance de las tertulias de los salones de la alta sociedad.
El regalismo, incluido en el absolutismo de los ilustrados, es la política de control del gobierno del rey sobre la Iglesia, imponiéndole las regalías o supuestos derechos absolutos del rey a mandar en la Iglesia como en todos los demás asuntos y personas de sus dominios. Nace de las ideas cesaristas de la Baja Edad Media que cristalizan en las monarquías autoritarias del Renacimiento y desembocan en las monarquías absolutas, y, sobre todo, en el despotismo ilustrado del XVIII y, después de la revolución liberal, en la prepotencia del Estado contemporáneo, que se basa en la doctrina del Pueblo Soberano, aún más absoluto supuestamente también.
Reforma impuesta en la vestimenta popular, recortando coercitivamente las capas y sombreros. Esta nueva imposición dispara el malestar, ya exacerbado por el encarecimiento del pan debido a la supresión de la tasa del trigo, y estalla en el Motín de Esquilache (1766). Al año siguiente el gobierno absolutista hace firmar al rey Carlos III el decreto de expulsión de España de los jesuitas (1767)
La educación es para los ilustrados la clave para llevar al pueblo a ser feliz bajo su poder absoluto. Además de controlar la enseñanza universitaria y sacerdotal, crearon entidades culturales y científicas, con una mentalidad redentora, en la creencia de que la cultura y sus aplicaciones económicas llevan a la virtud.
La misma creencia les lleva a multiplicar las Sociedades Económicas de Amigos del País.
Sociológicamente la Ilustración es sostenida por la mayor parte de la alta sociedad (gran parte de la aristocracia con la realeza al frente, la mayor parte de los intelectuales y de la burguesía, donde la hay, e incluso parte del alto clero). El pueblo, por su parte, no sólo sigue apegado a la vida tradicional, sino que la sigue haciendo avanzar, como se ve desde los niveles más superficiales del desarrollo del folclore, hasta los más profundos del desarrollo de la moderna devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que expresa y cimenta aquella síntesis de la religión y de la vida que es el núcleo de la tradición.
La Ilustración es un intento de hacer una revolución con orden, una revolución desde arriba.
El sistema político de la Ilustración es el despotismo ilustrado,
que es la culminación de la monarquía absoluta cuando los ilustrados son dueños del Antiguo Régimen en la segunda mitad del XVIII.
Su objetivo dicen que es "hacer a los individuos virtuosos y a los pueblos felices", arrancándoles de sus tradiciones populares a las que los ilustrados llaman supersticiones, especialmente a la religión católica.
Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
Como racionalista que es, la Ilustración, es un intento de revolución con orden, mediante la educación y una multitud de proyectos económicos, manteniendo las riendas del poder. Pero les estalla la revolución liberal, que procede de la Ilustración por vía de ruptura.
Las ideas de los ilustrados, los autodenominados filósofos, causaron la crisis de la monarquía en cuyo nombre actuaban.
Pretenden que el pueblo crea que será llevado a su perfección y a la felicidad al margen de la religión y gracias a la educación y a los proyectos de los ilustrados bajo el poder absoluto de la corona que ellos ejercen.
Los proyectos de los ilustrados los realizarán los liberales, la nueva generación formada en las ideas inculcadas por los ilustrados, pero que descubren que pueden ejercer un poder aún más absoluto en nombre del Pueblo, que en nombre del rey.
Se beneficia la alta sociedad en ambas situaciones.
N
LA ILUSTRACIÓN
La Ilustración es un movimiento complejo sustentado por las clases altas y los gobiernos absolutistas de la segunda mitad del XVIII basado en la creencia supersticiosa de que la educación en el saber racionalista, separado de lo sobrenatural, lleva a la virtud y a la felicidad y por eso hay que imponerlo al pueblo desde el poder de la monarquía absoluta.
Afecta a todos los aspectos de la vida. En política es el despotismo ilustrado, que es la culminación de la monarquía absoluta cuando los ilustrados son dueños del poder del Antiguo Régimen en la segunda mitad del XVIII. Su objetivo dicen que es "hacer a los individuos virtuosos y a los pueblos felices", arrancándoles de sus tradiciones populares a las que los ilustrados llaman supersticiones, especialmente a la religión católica. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
Como racionalista que es, la Ilustración, es un intento de revolución con orden, mediante la educación y multitud de proyectos económicos, manteniendo las riendas del poder. Pero les estalla la revolución liberal, que procede de la Ilustración por vía de ruptura. Las ideas de los ilustrados, los autodenominados filósofos, causaron la crisis de la monarquía en cuyo nombre actuaban. La crítica de Cevallos a la Ilustración la mostraba como crimen de Estado, además de falsa filosofía.
Pretenden que el pueblo crea que será llevado a su perfección y a la felicidad al margen de la religión y gracias a la educación y a los proyectos económicos de los ilustrados bajo el poder absoluto de la corona que ellos ejercen.
Las Sociedades Económicas de Amigos del País fueron los núcleos de las oligarquías ilustradas de las ciudades españolas.
Los proyectos de los ilustrados los realizarán los liberales, la nueva generación formada en las ideas inculcadas por los ilustrados, pero que descubren que pueden ejercer un poder aún más absoluto en nombre del Pueblo, que en nombre del rey. Se beneficia la alta sociedad oligárquica en ambas situaciones.
Ampliación
La Ilustración se basa en la creencia de que la ciencia y la educación al margen de la Iglesia llevará al hombre a su perfección moral.
Es el intento, imperante en las clases altas y en los gobiernos absolutistas de la segunda mitad del XVIII, de cimentar todos los aspectos de la vida social en un naturalismo racionalista.
Naturalismo es descartar, en la práctica, a Dios y a su Iglesia, descartar lo sobrenatural.
Racionalismo es, en la práctica, la creencia de que la razón humana es lo máximo existente; no es racional, es una creencia irracional, porque no se puede demostrar racionalmente, por consiguiente es una creencia supersticiosa, porque superstición es atribuir poderes a lo que no los tiene. Descartar la sobrenaturalidad de la Iglesia es, en la práctica, convertir al hombre en el ser supremo pretendidamente, porque en realidad es dejarle huérfano o declararle hijo de padre desconocido.
La Ilustración, llamada Iluminismo en otros países, hace que se llame al siglo XVIII el Siglo de las Luces, que son las luces de la razón huérfana. Y también se denomina Enciclopedismo, por el proyecto desarrollado por los ilustrados franceses, que se hacían llamar "los Filósofos", de recopilar en La Enciclopedia todo el saber existente teñido de racionalismo, según la creencia supersticiosa de que el saber racionalista separado de lo sobrenatural, llevaría a la virtud y a la perfección al pueblo (aun en contra de su voluntad). Esa creencia supersticiosa en la razón desemboca durante la Revolución Francesa en la entronización en la catedral de París del culto a la diosa Razón personificada en una mujer descarriada.
La Ilustración es en religión el deísmo, que admite que Dios existe y que ha creado el universo y al hombre, puesto que está demostrado filosóficamente, es decir, con la sola luz de la razón, lo que expresaba Voltaire, el ilustrado más radical, diciendo que "no hay reloj sin relojero"; pero el deísmo tiene la creencia de que Dios ya no se relaciona más con el hombre y que la sociedad humana no debe estructurarse en coherencia con ese hecho de la existencia de Dios.
En las artes, la Ilustración es el neoclasicismo, tras el rococó.
Su filosofía es el viejo racionalismo del XVII devaluado, vulgarizado al ser divulgado para ponerlo al alcance de las tertulias de los salones de la alta sociedad.
El regalismo, incluido en el absolutismo de los ilustrados, es la política de control del gobierno del rey sobre la Iglesia, imponiéndole las regalías o supuestos derechos absolutos del rey a mandar en la Iglesia como en todos los demás asuntos y personas de sus dominios. Nace de las ideas cesaristas de la Baja Edad Media que cristalizan en las monarquías autoritarias del Renacimiento y desembocan en las monarquías absolutas, y, sobre todo, en el despotismo ilustrado del XVIII y, después de la revolución liberal, en la prepotencia del Estado contemporáneo, que se basa en la doctrina del Pueblo Soberano, aún más absoluto supuestamente también.
Reforma impuesta en la vestimenta popular, recortando coercitivamente las capas y sombreros. Esta nueva imposición dispara el malestar, ya exacerbado por el encarecimiento del pan debido a la supresión de la tasa del trigo, y estalla en el Motín de Esquilache (1766). Al año siguiente el gobierno absolutista hace firmar al rey Carlos III el decreto de expulsión de España de los jesuitas (1767)
La educación es para los ilustrados la clave para llevar al pueblo a ser feliz bajo su poder absoluto. Además de controlar la enseñanza universitaria y sacerdotal, crearon entidades culturales y científicas, con una mentalidad redentora, en la creencia de que la cultura y sus aplicaciones económicas llevan a la virtud.
La misma creencia les lleva a multiplicar las Sociedades Económicas de Amigos del País.
Sociológicamente la Ilustración es sostenida por la mayor parte de la alta sociedad (gran parte de la aristocracia con la realeza al frente, la mayor parte de los intelectuales y de la burguesía, donde la hay, e incluso parte del alto clero). El pueblo, por su parte, no sólo sigue apegado a la vida tradicional, sino que la sigue haciendo avanzar, como se ve desde los niveles más superficiales del desarrollo del folclore, hasta los más profundos del desarrollo de la moderna devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que expresa y cimenta aquella síntesis de la religión y de la vida que es el núcleo de la tradición.
La Ilustración es un intento de hacer una revolución con orden, una revolución desde arriba.
El sistema político de la Ilustración es el despotismo ilustrado,
que es la culminación de la monarquía absoluta cuando los ilustrados son dueños del Antiguo Régimen en la segunda mitad del XVIII.
Su objetivo dicen que es "hacer a los individuos virtuosos y a los pueblos felices", arrancándoles de sus tradiciones populares a las que los ilustrados llaman supersticiones, especialmente a la religión católica.
Todo para el pueblo, pero sin el pueblo.
Como racionalista que es, la Ilustración, es un intento de revolución con orden, mediante la educación y una multitud de proyectos económicos, manteniendo las riendas del poder. Pero les estalla la revolución liberal, que procede de la Ilustración por vía de ruptura.
Las ideas de los ilustrados, los autodenominados filósofos, causaron la crisis de la monarquía en cuyo nombre actuaban.
Pretenden que el pueblo crea que será llevado a su perfección y a la felicidad al margen de la religión y gracias a la educación y a los proyectos de los ilustrados bajo el poder absoluto de la corona que ellos ejercen.
Los proyectos de los ilustrados los realizarán los liberales, la nueva generación formada en las ideas inculcadas por los ilustrados, pero que descubren que pueden ejercer un poder aún más absoluto en nombre del Pueblo, que en nombre del rey.
Se beneficia la alta sociedad en ambas situaciones.
N
Suscribirse a:
Entradas (Atom)